miércoles, 11 de enero de 2012

La Piratería como Elemento de Márketing

Desde hace ya más de una década se han intensificado los movimientos, principalmente de carácter empresarial, que combaten el fenómeno de la piratería caracterizado por la distribución no autorizada de material protegido por las leyes de propiedad intelectual.  Y es que en la era de la internet y las supercomunicaciones estos materiales pueden abarcar desde literatura, música, artes gráficas, fotografías, software, etc.



Puesto que hay una sólida base jurídica que protege los derechos de difusión o de distribución comercial de muchos de estos materiales ha sido muy facil vender la idea de que "piratear es malo" y su más interesante contraparte "pagar por los productos comercialmente protegidos es bueno".  Aparte de los argumentos éticos que se enfocan principalmente en proteger al autor de los materiales de la pérdida sufrida por la difusión ilegal de sus creaciones también se ha recurrido a enfatizar los riesgos que corre quien adquiere estos contenidos en cuanto a la pérdida de calidad, riesgos informáticos inherentes y hasta la pérdida de la reputación.

Sin embargo, rascando un poco la superficie también se puede intuir que algo de estos movimientos también está siendo aprovechado para mercadear productos.  Bandas como Metallica o cantantes pop como Madonna han encabezado las protestas judiciales contra empresas como Napster que facilitaban el intercambio de archivos digitales entre computadora y computadora, por facilitar la difusión ilegal de sus materiales.  Y la confrontación surge del hecho de que demos o albumes nuevos llegaran por este medio a millones de usuarios antes de que oficialmente salieran al público.  Por supuesto, es fácil voltear la vista hacia la internet, a los sistemas de intercambio de archivos o incluso a los usuarios que teniendo las canciones a su alcance las "bajaron".  Pero nadie pregunta públicamente ¿cómo a una disquera de estos calibres se le escapa a la calle una millonaria producción? ¿acaso no usan complejos mecanismos de seguridad para que un material no sea visto por nadie antes de que se decida publicarlo?  Luego, ofendidos, se cuela a la prensa la noticia de la distribución ilegal (¡y gratuita!) en internet y en pocas horas se tiene a miles de seguidores enterados de las nuevas producciones.

Incluso abiertamente bandas como Limp Bizkit o Radiohead atribuyeron en su momento buena parte de su crecimiento a la distribución de su música por medio de estas redes.  En sus inicios lo tienen claro: ¿quién va a pagar para ir a un concierto de una banda desconocida o de la que solamente se conocen los dos o tres temas que se han difundido en las radios?  Cuando la fama llega, la historia es otra.

En el caso del software, algo parecido.  Desde hace muchos años se dispone de mecanismos para evitar que funcionen las copias no autorizadas, desde las famosas "llaves de hardware" que son dispositivos que deben estar conectadas a la computadora para que el software trabaje hasta las validaciones en línea de números de serie.  Sin embargo la gran mayoría del software que se distribuye comercialmente usa versiones muy ligeras de estos mecanismos.  Para quienes vemos el maquiavelismo por todos lados no nos es dificil adivinar que la razón no es solo económica sino que dejar cierta facilidad para la copia de los programas facilita el que más usuarios lo prueben sin tener que pagarlo.  Usuarios que logran un buen nivel de expertaje luego utilizan y recomiendan estos programas en empresas que sí los compran.  Por otro lado, las casas productoras de software especializado y cuyos productos superan en precio los miles de dólares usan muy efectivamente estos mecanismos.

En conclusión, se puede esperar que el grito "¡no me copien! ¡no me copien!" puede llamar la atención de forma interesante y aprovechable para los responsables de las relaciones públicas.  No se tome este artículo como una defensa a la piratería pero sí como una reflexión sobre que la oficialidad exige una clara postura sobre la defensa de la propiedad intelectual, que en realidad se traduce la mayoría de veces en la defensa de los derechos de distribución comercial pues la reclamación de autoría de un material ajeno es plagio y no piratería.  Sin embargo, la facilidad con que un material pueda llegar a varias manos, ojos u oidos, es un recurso importante que no se puede despreciar especialmente en estos tiempos cuando la información recorre el mundo en pocos minutos.  Algunas ideas creativas han surgido como una respuesta transparente a estos fenómenos como en el caso de las disqueras que publican demos de porciones de las canciones nuevas, casas de software que promueven licencias de estudiante baratas o incluso gratuitas o en el caso de la literatura electrónica, permitir leer el primer capítulo de un libro gratuitamente.  Pero muchos de los propietarios de la distribución de estos materiales aún ven varios millones de dólares revoloteando por allí en esa nube a la que llaman piratería y seguramente seguirán intentando doblegarlos por la vía legal o seducirlos con propuestas comerciales atractivas.

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